Documento de trabajo para la Cumbre de los Pueblos de las Americas,
Santiago de Chile, 15-18 de Abril 1998
Biodiversidad y Derechos de Propiedad Intelectual
Introdución y contexto
La diversidad es la base del equilibrio y sustentabilidad de todos los sistemas biológicos, es decir de las especies, los ecosistemas y sus múltiples interacciones. La biodiversidad para el sustento, — incluyendo cultivos, animales domésticos, pesca, hierbas medicinales, bosques y otros recursos silvestres — , interactuando permanentemente con la diversidad cultural, son la base misma de nuestra sobrevivencia en el planeta.
Desde hace miles de años, y a partir de diferentes culturas, las comunidades locales (indígenas, pescadoras, agrícolas) fueron descubriendo y adaptando, a partir del conocimiento de su medio, miles de cultivos alimentarios y recursos para la salud, la vivienda, la vestimenta, utensilios y artesanías, utilizando recursos silvestres o creando y desarrollando múltiples variedades adaptadas localmente, para su consumo propio y el de los animales que iban domesticando. Esta creación de diversidad domesticadá siempre ha sido — y sigue siendo — dependiente de su interacción con la biodiversidad silvestre.
En un proceso lento y continuo se fueron desarrollando sistemas de sustento donde las comunidades locales han sido la piedra fundamental del mejoramiento genético y la conservación y estímulo de la biodiversidad, aumentando así la base de recursos disponibles para el sustento y los usos rituales y estéticos, no sólo de las generaciones protagonistas de estos cambios, sino también de las futuras.
El libre flujo de conocimientos asociados al uso de estos recursos se fue trasmitiendo sin fronteras y de generación en generación, como un bien común sobre el que asentaron formas sociales locales, regionales y a veces nacionales. Hoy incluso, la base alimentaria y farmacéutica de pueblos del mundo entero está íntimamente vinculada a recursos genéticos generados por comunidades locales en otros rincones del planeta, pero los beneficios de este intercambio son apropiados de manera cada vez más injusta, y el uso de los recursos es orientado cada vez más por un interés puramente comercial en vez de las necesidades vitales de los pueblos, como veremos.
Contrariamente a los que estan acostumbrados a que los alimentos vienen de un supermercado, o los medicamentos de una farmacia, la mayoría de la humanidad depende directamente de la biodiversidad para su sustento. Algunos ejemplos:
Sin embargo, esta diversidad biológica para el sustento está seriamente amenazada, tanto la diversidad cultivada como la diversidad silvestre con la que interactúa permanentemente. Según estimaciones de la FAO, desde principios de este siglo se ha perdido hasta el 75% de la diversidad genética en los cultivos agrícolas y una tercera parte de las 4000 razas de animales domésticos utilizadas en el planeta para la agricultura o la alimentación están en peligro o amenazadas de extinción. La deforestación y degradación de los ecosistemas naturales producto de su destrucción y explotación cortoplacista y en función de intereses mercantiles, ha llevado a un nivel de erosión genética nunca antes presenciado. Se ha calculado que a principios de siglo se perdía una especie por año. En la actualidad es posible que estemos perdiendo 100 especies por día, un ritmo que aparentemente no se ha dado en la Tierra desde hace 65 millones de años, en el período crítico que vió la extinción de los dinosarios.
De continuar los patrones actuales, para mediados del siglo que viene, habremos perdido un 25% de las especies hoy existentes.
Otro elemento importante a tener en cuenta es que NO es en los países industrializados del Norte donde se encuentra la mayor diversidad, sino en los territorios de los países -paradójicamente llamados pobres- del Tercer Mundo. El cinturón tropical y subtropical del planeta, debido pricipalmente a condiciones climáticas a través de los siglos, ha dado lugar a una enorme riqueza genética en plantas y animales. A modo de ejemplo, un 7% de la superficie del planeta, aquella cubierta por los bosques tropicales, es el hogar de más de la mitad de la biodiversidad estimada; en una pequeña isla de Panamá han sido identificadas más especies que en la totalidad de las Islas Británicas, un pequeño volcán de Filipinas tiene más variedades de árboles que todo Canadá, y muchos más ejemplos similares.
Conjuntamente, en este proceso, los actores principales de la cría y la conservación de la biodiversidad, las comunidades locales (incluídos agricultores, indígenas, pescadores y habitantes de los bosques), están siendo eliminados como tales, expulsados de sus territorios y del acceso a los recursos que ellos mismos han creado, y que ha sido la base de sus culturas, de su sustento y el de la humanidad.
Sus conocimientos ancestrales están siendo robados, fragmentados y transformados en mercancías para el lucro, tanto a través de la bioprospección como de su patentamiento. Incluso partes de seres humanos están siendo patentadas, tal como es el caso de una indígena del pueblo Guaymi Panamá, mientrs muestras de sangre de otros pueblos indígenas de las Américas son vendidas hasta por Internet.
Este proceso de destrucción ecológica, cultural, social y de los sistemas económicos locales, tuvo un impulso definitivo a partir de la industrialización en este siglo, particularmente de la agricultura; de la expansión sucesiva, de la agricultura química, de los híbridos "modernos" y de las nuevas biotecnologías; y de la apropiación de los recursos, conocimientos y sistemas de sustento por parte de las empresas transnacionales, para su utilización en mercados crecientemente globalizados.
La mercantilización a nivel global de todos los ámbitos productivos y de formas de vida, lleva a la desaparición del campesinado, a una creciente presión sobre los agricultores, hacia la producción de cultivos estandarizados, con el fin de obtener divisas en el mercado internacional, en detrimento de la producción de alimentos para la satisfacer las necesidades locales. Pero no sólo el campesinado sino todas las formas sociales y culturas que podríamos llamar 'gentes del ecosistemá están siendo eliminados físicamente y/o a través de la imposibilidad de practicar sus formas de vida sustentables, por la destrucción de sus ecosistemas y la expulsión de sus territorios.
Y es de nuevo el Sur el que tiene los recursos primarios para la nueva expansión tecnológica e industrial, basada ahora también en la biotecnología, que se promueve desde las élites de poder el Norte industrializado, y se alimenta con materias primas genéticas de nuestra biodiversidad.
Esto no es una actividad marginal, sino una de las industrias más gigantescas y concentradoras de riqueza y poder: el 45% de la economía mundial -contabilizada- se basa en biotecnologías. La industria de semillas mueve actualmente unos 15.000 millones de dólares anuales, y las diez compañías mayores de semillas acaparan el 37% del mercado. Se estima que solamente para el mejoramiento de variedades de maíz cultivadas en EE.UU., el aporte de material genético procedente del Sur supone un valor añadido que ronda los 7.000 millones de dólares (de una cosecha estimada de 18.000 millones). El mercado mundial de productos farmacéuticos -que es la industria con mayor porcentaje de retorno de ganancias del mundo- asciende a unos 197.000 millones de dólares y entre las diez compañías más grandes acaparan el 43% del volumen total. El mercado mundial de fármacos derivados de plantas se calcula en 43.000 millones de dólares anuales, como mínimo. El valor de las plantas medicinales del Sur para la industria farmacéutica del Norte se calcula en 32.000 millones de dólares anuales. (datos de RAFI)
La abrumadora mayoría (más del 90%) de las patentes biotecnológicas y derechos de obtentor son detentados por empresas transnacionales y o instituciones gubernamentales de los países industrializados del Norte.
Todo esto, junto a la extracción de otro tipo recursos y los servicios ambientales brindados por los países del Sur, ha generado una enorme deuda ecológica histórica y actual, de las élites del Norte y el Sur, con los pueblos y comunidades que han generado el conocimiento sobre estos recursos y los han utilizado por milenios en forma social y ecológicamente sustentable.
Lo que comenzó siendo robado por la fuerza — a través de las imposiciones y armas de los conquistadores y poderes coloniales — hoy es "legalizado" a través de los acuerdos de "libre" comercio, sean regionales o globales, con estructuras profundamente centralizadoras y antidemocráticas, altamente propicias a las influencias y presiones de las empresas multinacionales que dominan los mercados. En los ámbitos de la biodiversidad, (bosques, agricultura, alimentación, hierbas, etc) se crean en estos marcos, regulaciones comerciales que fueron elaboradas a partir de las necesidades de las empresas multinaciones y los gobiernos del Norte para proteger sus propios intereses, aunque esto vaya en detrimento de la seguridad alimentaria y las formas de vida de millones de personas y comunidades en el mundo y fundamentalmente en el Sur.
Privatización y robo de las bases del sustento
A partir de la finalización de la Ronda Uruguay del GATT (ahora Organización Mundial de Comercio, OMC) todos los países signatarios quedaron obligados por las cláusulas de los Acuerdos sobre Propiedad Intelectual Relacionados al Comercio (TRIPs por su sigla en inglés) a implementar sistemas de propiedad intelectual sobre seres vivos y conocimiento asociado al uso de éstos. Estos acuerdos surgen a partir de las presiones, fundamentalmente de la industria biotecnológica corporativa, para poder proteger sus intereses e inversiones en todo el planeta. Existen en estas cláusulas algunas excepciones, para el caso de plantas y animales que no sean microorganismos y para procesos esencialmente biológicos. Para las variedades de plantas agrícolas hay una formulación que permitiría la implementación de 'sistemas sui generis', es decir que los países podrían tener sistemas de propiedad intelectual que, aunque no fueran leyes de patentes, sean igualmente "eficaces" en términos de protección de las patentes de las corporaciones.
Pero todas las posibles excepciones han resultado una quimera, dando origen a legislaciones que provocan el mismo efecto que el patentamiento.
En nuestra región, todos los gobiernos del Norte y varios del Sur ya han ido más lejos incluso que las reglamentaciones exigidas por la OMC, implantando leyes de patentes, en varios casos a partir de fuertes presiones y sanciones comerciales de EE.UU. a sus gobiernos. En varios países esto ha incluído también la legalización del patentamiento de material genético humano, y existen casos donde ya se está practicando.
Paralela o conjuntamente, varios países del Sur de las Américas, -actualmente Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Trinidad y Tobago y Uruguay- han firmado y ratificado el Convenio de la Unión de Protección de Nuevas Variedades Vegetales (UPOV), que es también un mecanismo que obliga a los países a aceptar como válidos en su territorio los derechos de propiedad intelectual de todos los países miembros de UPOV, que son prácticamente todos los países industrializados del Norte.
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